domingo, 19 de abril de 2009
Soledad, vieja amiga, compañera de los días de rutina, aciagos, idénticos los unos a los otros. Mañanas grises que se tornan tardes grises y noches oscuras cual caverna sin salida. Soledad, que te escondes en la sombras que arrojan el amor y la amistad, esperando, acechando con ojos felinos y sonrisa lobuna, astuta como un zorro y persistente, cazadora de los corazones que caen en el olvido. Siempre se puede contar contigo, soledad, con tu abrazo que es la nada. Tu que caminas con los zapatos de los cuerpos vacíos, de las miradas perdidas, cargadas de envidia, de infelicidades, de recuerdos...
Abandono, amigo fiel, siempre atento, acudiendo a la llamada de quien lo ha perdido todo como un héroe al rescate. Tu, el que siempre llega cuando todos los demás se han ido, el que nunca abandona, el que siempre muestra su apoyo, el que perdura en el tiempo. No existe el rechazo para ti, abandono, ni tampoco para aquellos con los que andas. Arropados por el eco de sus propias palabras, ilusionados por escuchar una voz que no es la suya, sino la tuya, alegres por tener con quién compartir las penas y desilusiones.
Melancolía... ¡Oh dulce melancolía! ¿Qué sería de nosotros sin ti, tierna ironía, que nos haces disfrutar la tristeza como si fuera alegría? Tu que nos traes a la memoria aquellos días de verano en lo mas crudo del invierno y nos arrancas una sonrisa mientras las lágrimas resbalan por el reflejo en la ventana, en cara de un desconocido. Nos proteges como una madre, siempre dulce, mientras caemos rendidos a tus pies, abrazados a nosotros mismos por no tener con quién. Las nanas que cantas a tus chicos, melancolía, son las que solo el corazón escucha. A las que solo con el corazón se puede responder. Tu nos recuerdas con tu presencia la ausencia de todo lo demás.
Vacío, enemigo de todo lo que es bueno y sagrado. Vil sanguinario que te cebas en el débil, arrancando su corazón cada noche como el águila que torturaba a Prometeo en la roca que era su prisión. ¿Por qué, oh vacío, siempre reclamas lo que siempre te ha pertenecido? ¿Por qué regresas, si nunca te has ido? ¿Por qué tengo la sensación de que somos viejos conocidos? Vacío como la noche sin Luna es tu rostro, picado de milllones de estrellas que no iluminan el camino, vacío, empedrado de derrotas está nuestro camino. Curiosa relación, amigo, pues aunque te odio, siempre estarás conmigo.
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