Odio la música Pop.

sábado, 5 de septiembre de 2009

Estoy en una etapa de mi vida en la que mis relaciones sociales se reducen a todo lo que me puede ofrecer la compañía de un espejo, ya que todo lo demás carece de calidad real. Gracias al cielo que eso se acabará en breve, pero hasta entonces, es lo que tengo.

Y cómo no tengo con quién desahogarme, me suelo acabar ahogando, y no es plato de mi agrado.
Últimamente se podría decir que me mantengo haciendo el muerto sobre un mar oscuro y denso como el petróleo, lleno de monstruos que acechan y esperan la oportunidad para clavarme sus garras y llevarme a las profundidades que ellos habitan. Por contra, el cielo es azúl y lo surcan nubes de un blanco algodón, proyectando sombras agradables y jugando a las escondidas con un sol brillante.

Hay días en los que estoy que no estoy. En esos días me limito a flotar, sin hacer nada más, dejándome llevar por la corriente con los ojos cerrados, sin pensar en lo que me espera ahí debajo ni en lo que tengo ahí arriba. Nada puede tocarme entonces. Ni bueno, ni malo. Y ni me siento triste, ni me siento feliz. Solo extraño por no sentirme de ninguna de las maneras. O quizá sintiéndome incapaz de sentir.

Otro días me permito el lujo de olvidar que floto sobre miseria y dolor, sobre desesperanza y pérdida, y chapoteo en las aguas oleosas, jugando a ver mi futuro en los dibujos que forman las nubes al surcar el cielo. Esos son días muy buenos. Me levanto lleno de energía, de planes, de alegría incluso. Las cosas sencilllas vuelven a maravillarme y sonrío. Casi rozo la felicidad. Casi, claro. Adoro esos días en los que olvido todo lo negativo de mi vida.

El resto de los días... Normalmente el mar está en calma. Ni una ola perturba mi navegación hacia la deriva. Hundo las manos en el agua y la noto densa y fría. Mortalmente fría. Y entonces algo viene a destrozar mi equilibrio y siento como la superficie de aquel océano sin fin comienza a dejar de sustentarme. Y me comienzo a hundir. Y las bestias de la soledad, del miedo, de la desconfianza y otras tantas tiran de mi hacia lo mas oscuro. Y por mas que lucho, no puedo escapar. Y veo, a través de la superficie, cada vez mas lejano, el sol que alumbra el mundo exterior. Esos días me siento tan mal que apenas hablo con nadie. Y no sonrío. Y aunque me muero de ganas de llorar, no aparece ni una sola lágrima. Odio esos días.

Casi siempre son los recuerdos los que vienen a hundirme. Recuerdos en los que solo había cielo azul y el mar no era denso y negro. Recuerdos en los que nadaba en compañía y era feliz. Otras veces son escenas casuales que disparan mi imaginación, con el mismo efecto.

Y es por eso por lo que odio las canciones pop. Sus ritmos simples y repetitivos, sus letras sencillas hasta el absurdo, aplicables a toda persona que haya vivido mas de diez años, y el mensaje que transmiten perturban mi equilibrio. ¡Demonios! ¡Perturbarían el de cualquiera! Si hablan de pérdida, porque hablan de pérdida, si lo hacen del desengaño tres cuartos de lo mismo. Y si hablan de amor... ¡Ay, si hablan de amor! Entonces si que me hundo y me cuesta un par de días volver a salir a flote.

Lo peor de todo es que esas malditas piezas musicales hacen que los días buenos se conviertan en días malos casi al instante. Entonces me pregunto si no me estaré volviendo maníaco depresivo. Y luego dejo de preguntarme cosas, no vaya a ser que encuentre las respuestas y no me gusten.

Tiempos Extraños.

martes, 14 de julio de 2009

Vivimos en tiempos extraños, mas allá de toda lógica y comprensión. Tiempos en los que el tiempo ya no tiene sentido y los sentidos ya no tienen en qué fijarse. Y fijarse en la dirección que toman nuestra vidas es tan complicado como tratar de permanecer fijado en un punto del suelo para siempre. Si es que siempre existe... Porque siempre que se habla de siempre se deja espacio para nunca. Y nunca deberíamos decir "de este agua no beberé"...

Como el agua es como fluyen nuestras vidas, al fin y al cabo. Marcadas por un cauce sobre el que no tenemos control. Creemos que somos libres para tomar nuestras propias decisiones, pero lo cierto es que esa libertad es la mayor de las cárceles. Sus barrotes son nuestras propias palabras y los carceleros aquellos que las escuchan en algún momento. ¿Las palabras se las lleva el viento? El viento solo se lleva el polvo y, si sopla lo suficientemente fuerte, algún granero con una vaca que viajará mas en esos pocos minutos previos a su muerte que en toda su vida. O quizá la casita de algún cerdito vago y comodón que decidió que la paja sería un buen material de construcción. Suerte que ese cerdito no era huérfano y que el lobo era mas bien tonto.

A fecha de hoy, seguro que es el lobo el que acaba logrando su objetivo en el cuento. Lo que yo diga, tiempos extraños.

Y a veces nos da por preguntarnos, fuera de toda lógica: "¿Qué haremos ayer? ¿Qué hicimos mañana? ¿Qué hacemos hoy? ¿Es real todo lo que nos rodea o son ensoñaciones, quizá pesadillas?" Si formamos parte de un cuento, qué jodido ha sido el escritor entonces. Se podría haber ahorrado unas cuantas partes y haber pasado directamente hasta el "y comieron perdices". Aunque citando a los Mago "Omnis saturati mala, perdices autem pessima"... Casi que prefiero ni leerme el libro.

Hacía ya un buen tiempo que no tenía tiempo para dedicarle tiempo al blog (Me encantan las redundancias, ¿A vosotros no?), pero mira por dónde, ¿para qué dormir? Ya dormiré cuando esté muerto, como se suele decir. Y al fin y al cabo, tampoco tengo tiempo para nada. Es más, me atrevería a decir que nadie tiene tiempo para nada. Tanto decir "Voy a matar el tiempo haciendo tal cosa" que al final se murió. Un minuto de silencio por los minutos.

Como sea y como dice mi padre: "Tengo mas sueño que dónde lo fabrican". A ver si fuera posible que el proveedor de sueño se pasara por mi casa esta noche y me dejara un buen cargamento, que falta me hace.

Ira

sábado, 9 de mayo de 2009

Cuando una tragedia viene a nuestra vida, esta tiene sus propias etapas:

1) Negación y aislamiento

2) Ira

3) Pacto o negociación

4) Depresión

5) Aceptación


ETAPA I: Negación y aislamiento.

La negación nos permite amortiguar el dolor ante una noticia inesperada e impresionante; permite recobrarse. Es una defensa provisional y pronto será sustituida por una aceptación parcial: "no podemos mirar al sol todo el tiempo".

Puedes negar la situación y esconderte encerrándote en ti misma(o), no desear comunicarte con nadie y te parece que tu problema es lo más grande del mundo. A todos puede sucedernos esto, pero por cuanto tiempo te sientas de esta forma depende solamente de ti, de nadie más.



Etapa II: Ira.

Los psicólogos definen la ira como un estado de locura temporal. Cuando estamos airados en extremo llegamos a un punto en el cual no somos dueños de nosotros mismos. Pero hablemos específicamente de la ira después negar una situación difícil y enclaustrarnos en nuestro dolor. Pareciera ser que despertamos de este letargo y buscamos en quien descargar nuestra frustración, y lo que "normalmente" hacemos es culpar a alguien mas por nuestra situación. Comenzamos a ver todo negativo, creemos que no hay solución alguna y nos molesta las muestras de apoyo que puedan darnos.

Lo problemático de esta etapa es quedarnos mucho tiempo en ella, debido a que nacen raíces de amargura y podemos volvernos personas amargadas e introvertidas.



Primera etapa superada. Sin éxito, claro, pero superada al fin y al cabo. Y ha sido todo un logro para mi, la verdad. Porque me ha costado Dios y ayuda salir del agujero y volver a relacionarme con el mundo como casi siempre, sin tener miedo. Y no era de esos que suelen tener miedo, sino mas bien todo lo contrario, así que imaginad lo duro que ha tenido que ser estar tan asustado de todo y todos.
Y salir a la calle y hacer cosas de persona normal no es escapar del ostracismo ni mucho menos. Es solo vivir, mantener las funciones vitales en un estado de normalidad y las sociales en un estado de aparente existencia. Escapar del ostracismo implica volver a prestarle atención a las cosas que nos rodean, es decir, mantener las funciones sociales en un estado de verdadera normalidad. Vamos, hacer las cosas con ganas, con impulso, tener iniciativa.

Sea como sea, lo importante es que ya salí de ese agujero hace un tiempo.

Y ahora que estoy fuera, estoy cabreado. Cabreado con todo y todos. Con el mundo en general. El texto dice que se tiende a culpar a alguien. Yo culpo a... TODO. Con mayúsculas. Me culpo a mi, te culpo a ti, os culpo a vosotros. Culpo a los ambientes en los que hemos crecido, a nuestros padres, a nuestros amigos, a nuestros conocidos, a la ciudad en la que vivimos y a las ciudades en las que viven otros. A los errores que hemos cometido, a los errores que han cometido otros, a los años que han pasado sin que nadie moviera un dedo por arreglar las cosas. Culpo a las malas decisiones, a los imprevistos, a los cambios de planes, a las palabras no dichas y a las dichas con mala fe. Culpo a lo que no hicimos en su momento y a lo que si que hicimos cuando no debíamos haberlo hecho. Culpo al no saber pedir perdón ni al perdonar, al no entender ni ser entendido. Culpo a los encontronazos, a los gritos e incluso a los golpes. Culpo a las malas compañías y a las buenas, a los consejos desoídos y a los no dados, al no saber escuchar. Culpo al egoísmo, a la cobardía, a la envidia, a la soledad, a la incapacidad de mostrarse tal y como es uno al mundo. Culpo a los secretos, a las mentiras, a las verdades, al tener que estar mirando por encima del hombro constantemente, por creerse superior o por creer que alguien te va a apuñalar. Culpo a la disgregación, a los kilómetros, a las horas y también a la cercanía y al estancamiento.
CULPO A TODO. Y todo lo que he olvidado, por el mero hecho de no estar aquí escrito, no tiene menos culpa.

Siento que la sangre hierve en mi corazón enviando olas de calor a cada fibra de mi cuerpo y cómo me palpitan las venas. Siento la tensión con tanta fuerza que me duelen la espalda y la mandíbula. Oigo los dientes rechinar los unos contra los otros y me se incapaz de relajar los hombros sin esfuerzo consciente. Los dedos martillean las teclas mientras escribo esto con tanta fuerza que hasta me molesta.

Lo peor es que se que esto va para largo. Joder, son etapas ¿no?. Si la primera ha durados meses, esta no va a ser menos. Y lo más peor (porque vamos a ser realistas, siempre hay algo peor que lo peor) es que se que alguien va a pagar los platos rotos. Y no quiero que sea quien no lo merece. Es decir, no quiero que sea ninguna de las personas que tengo alrededor, que quiero o que amo, porque bastante hacen con soportarme. Pero bueno, en el horizonte se otea una pelea bien gorda en mi familia... Así que aprovecharé para desahogarme bien a gusto con quien se lo merece.

Es que hay días en los que me gustaría mandarlo todo a la mierda y empezar de cero... O abrirme la cabeza contra una pared. O abrírsela a alguien, ya puestos.

El día menos pensado me da un ataque y me quedo en el sitio, con cara de gilipollas, mientras alguien llama a una ambulancia. Sería gracioso, oye. Un buen final. Por si acaso, que alguien se invente unas últimas palabras que merezca la pena recordar, que seguro que a mi no me da tiempo.

Soledad...

domingo, 19 de abril de 2009



Soledad, vieja amiga, compañera de los días de rutina, aciagos, idénticos los unos a los otros. Mañanas grises que se tornan tardes grises y noches oscuras cual caverna sin salida. Soledad, que te escondes en la sombras que arrojan el amor y la amistad, esperando, acechando con ojos felinos y sonrisa lobuna, astuta como un zorro y persistente, cazadora de los corazones que caen en el olvido. Siempre se puede contar contigo, soledad, con tu abrazo que es la nada. Tu que caminas con los zapatos de los cuerpos vacíos, de las miradas perdidas, cargadas de envidia, de infelicidades, de recuerdos...

Abandono, amigo fiel, siempre atento, acudiendo a la llamada de quien lo ha perdido todo como un héroe al rescate. Tu, el que siempre llega cuando todos los demás se han ido, el que nunca abandona, el que siempre muestra su apoyo, el que perdura en el tiempo. No existe el rechazo para ti, abandono, ni tampoco para aquellos con los que andas. Arropados por el eco de sus propias palabras, ilusionados por escuchar una voz que no es la suya, sino la tuya, alegres por tener con quién compartir las penas y desilusiones.

Melancolía... ¡Oh dulce melancolía! ¿Qué sería de nosotros sin ti, tierna ironía, que nos haces disfrutar la tristeza como si fuera alegría? Tu que nos traes a la memoria aquellos días de verano en lo mas crudo del invierno y nos arrancas una sonrisa mientras las lágrimas resbalan por el reflejo en la ventana, en cara de un desconocido. Nos proteges como una madre, siempre dulce, mientras caemos rendidos a tus pies, abrazados a nosotros mismos por no tener con quién. Las nanas que cantas a tus chicos, melancolía, son las que solo el corazón escucha. A las que solo con el corazón se puede responder. Tu nos recuerdas con tu presencia la ausencia de todo lo demás.

Vacío, enemigo de todo lo que es bueno y sagrado. Vil sanguinario que te cebas en el débil, arrancando su corazón cada noche como el águila que torturaba a Prometeo en la roca que era su prisión. ¿Por qué, oh vacío, siempre reclamas lo que siempre te ha pertenecido? ¿Por qué regresas, si nunca te has ido? ¿Por qué tengo la sensación de que somos viejos conocidos? Vacío como la noche sin Luna es tu rostro, picado de milllones de estrellas que no iluminan el camino, vacío, empedrado de derrotas está nuestro camino. Curiosa relación, amigo, pues aunque te odio, siempre estarás conmigo.

Hace nueve días.

lunes, 6 de abril de 2009

Hace nueve días que no escribo en este, mi querido blog, porque, para ser sinceros, no he tenido la más mínima gana. Así soy yo, un gandul incorregible, y me ha ido bastante bien durante unos veintitrés años. Si pudiera convertir mis pensamientos en palabras solo con el poder de la mente, esta sería una página llena de contenido. Gracias al cielo que eso no puede pasar...

Visto lo visto, vivido lo vivido y leído lo leído, me vienen mil reflexiones nuevas a la cabeza, para algunas de las cuales ya encontré respuesta hace algún tiempo y otras para las que aún ando buscando. Preguntas existenciales algunas y preguntas mundanas las otras. Pero todas igual de importantes. O eso creo. Y con que lo crea yo, me basta y me sobra.

No quiero extenderme y poner a funcionar toda la maquinaria de mi creatividad para aburrir a mis lectores (amigos todos ellos), pues soy de los que se expresan mejor de viva voz que por escrito. Tengo un ingenio veloz y cáustico que hiere sensibilidades y convertirlo al lenguaje de signos es mas complicado de lo que parece. Sea como sea... Vamos a desatar el caos.

Sobre naufragar y la perspectiva...
Las palabras son gratuitas. Hasta la fecha, nadie les ha puesto un precio. Quizá en un futuro lo tengan y todos nos veamos obligados a publicar un libro para hacernos oír. Si ese día llega, será un día muy triste para todos.
El apoyo incondicional tampoco tiene precio. Y los hay que nos alegramos y lo agradecemos.
Pero todo tiene dos caras, como las monedas. Y lo gratuito, sea lo que sea, siempre es de mala calidad. Mientras algunos se zambullen en aguas turbulentas para salvar a sus amistades de sí mismos, otros se ahogan sin remedio, sin contar con nadie que les saque a flote, abandonados a su suerte. ¿Hay justicia en el apoyo? No, no la hay, porque puede ser dado y retirado a placer, de acuerdo a las circunstancias de la vida. Los que hoy lo darían todo por ti, mañana te vuelven la espalda. Y el mundo da una nueva vuelta sin que nadie lo lamente.

Sobre el bien, el mal, la justicia y la injusticia...
Un hombre malo puede ser un hombre justo y viceversa. La maldad se lleva en el corazón pero las acciones las rige la mente, y ahí es dónde nace el concepto de justicia. Por suerte o desgracia, el hombre nace como una página en blanco, pero es de ilusos pensar que sigue así durante mas de dos días respirando. El hombre, como especie, es un ser egoísta, como cualquier animal. La diferencia radica en que nosotros sabemos lo que somos, sabemos lo que podríamos ser y como podríamos serlo. He aquí la cuestión: ¿El hombre puede decidir ser bueno o malo? Puede. Ese es el gran misterio. No depende de la naturaleza de cada persona, o de su esencia, sino de su voluntad. El hombre puede elegir seguir un camino hasta el final y recorrerlo día a día con todo el sufrimiento que ello conlleve. Pero del mismo modo, puede cambiar de camino a su antojo. Hablando desde la experiencia es como lo puedo asegurar. Yo no nací ni bueno, ni malo, eso es cierto. No fueron mis padres los que me educaron para ser bueno o malo, eso también es cierto. No fueron mis profesores, ni mis allegados, ni la gente de mi alrededor. Fui yo mismo. Y eso me ha dado mas disgustos de los que se pueda uno imaginar. En términos alquímicos se podría decir que soy un homúnculo de mí mismo. Una creación artificial. Absorbí lo que creí conveniente en su momento. Forjé a sangre y fuego lo que a día de hoy me enorgullezco de ser. Tomé mis decisiones, cargué con sus consecuencias y acepté los resultados.

Hoy día puedo decir que he llegado a ser un hombre bueno y justo, que he llegado a la cima de lo que me propuse un día, cuando aún era un crío. Pero en mis propios términos.

Hoy día puedo decir que voy a cambiar de camino, sin el más mínino asomo de duda. El que quiera, que lo acepte, el que no...

Sobre el corazón y la esencia...
Solo se puede perder lo que se tiene. Lo que nunca se ha tenido, solo se puede soñar. La vida es así de dura. Habría que aceptarlo y vivir con ello. Pero vivir en un mundo duro y feo hace que la gente sueñe con lo que no tiene y crea tenerlo llegados a un punto. El corazón es una de esas cosas.
El conocimiento de uno mismo es algo a lo que poca gente llega a lo largo de su vida. La sinceridad, la coherencia y la fidelidad son conceptos que se aplican con asiduidad hacia el exterior pero que muy pocos practican para si mismos. Muchas veces nos debemos tanto a los que nos rodean que no tenemos tiempo para mirar en nuestro propio interior. Y el día en que uno hace eso, llegan las sorpresas y los escalofríos.
Mirad en vuestro corazón, amigos, y decidme si podéis ver en él el reflejo que dais hacia el exterior. Si veis en vosotros mismos lo que los demás ven en vosotros. Si es así, me alegro. Si no lo es, reflexionad. Dejad de escuchar las voces de los que os hablan y empezar a oír la vuestra propia. A lo mejor os dais cuenta de que no sois como en realidad sois. Y entonces llega el conflicto, el momento en el que la verdadera esencia desenmascara a la esencia de mentira con la que siempre hemos vivido. O a lo mejor descubrís que esa esencia nunca ha exisitido.
En mi caso, de nuevo desnudando mi alma ante los ojos de gente en la que puedo confiar y en la que no, os digo: Yo tengo corazón. Pero también estoy muerto por dentro. No hay esencia en mi pecho y un gran vacío se me come día a día. Eso no puede ser, pensaréis algunos... Pero es la realidad. Mejor que yo no me conoce nadie, porque, como ya he dicho, me he hecho a mi mismo. Se lo que tengo y de lo que carezco, se lo que podría mejorar y lo que no. Y se como era mi vida antes de encontrar el verdadero amor. No me habéis conocido antes de ello... Pero lo que veis ahora es un buen reflejo de aquellos días. Días que han sido iguales los unos a los otros durante diecinueve años.

Sobre la amistad...
Todo lo dicho antes se aplica a este concepto inventado por nosotros mismos para justificar nuestra necesidad de compañía. Los amigos pueden ser buenas o malas personas, pueden ser justos o injustos, pueden necesitar mas o menos, pueden traicionarte o apoyarte incondicionalmente, pueden estar siempre ahí o aparecer solo cuando son necesarios, incluso pueden esfurmarse en un momento dado. Pueden estar para las risas o para las penas, también para cualquier momento. Pueden ser de una forma o de otra, tener corazón o carecer de él, conocer su esencia o vivir engañados. Pueden obrar maravillas u horrores y llegar a ser capaces de la mayor de las bondades y del peor de los males. Pueden elegir o estar condenados por su destino, pueden ser libres o estar encadenados. Pueden respetar o faltar al respeto, pueden reir o llorar, amar u odiar, querer o no querer...

En resumidas cuentas, pueden o no pueden.

Pero, como dijo alguien mucho antes que yo, hace mas el que quiere, que el que puede.

Y hay días en los que no se quiere. Y son esos días en los que, mientras algunos son salvados, otros se ahogan. Pensad en quién debe ser salvado y en quién merece ahogarse. Si encontráis una respuesta a esa pregunta, amigos, sois afortunados... pero os habéis equivocado.



No quiero desmerecer con estos comentarios vuestras muestras de apoyo, vuestra preocupación o vuestras palabras, solo quiero que os asoméis un poco más al abismo que es mi ser y veáis, un poco mas en profundidad, que es lo que hay al otro lado de mis ojos de color castaño.

Óxido

sábado, 28 de marzo de 2009

¿Escucháis el batir de alas? ¿No? ¿Ni haciendo un pequeño esfuerzo?

Yo tampoco. Mis oídos son de metal.

Hace solo unos meses mi vida era un batir de alas. Alas de ángeles y demonios que luchaban por demostrar quien era el mas hermoso, por imponer sus imágenes sobrenaturales; de frenéticos colibríes viviendo atrapados en un segundo por miedo a que sus corazones se detuvieran, de enormes albatros que nunca pisarían la tierra, fascinados por el cielo, viviendo en las corrientes de aire. Alas de mariposas, provocando huracanes al otro lado del mundo y alas de polluelos recién nacidos, piando para llamar a sus madres. Alas de sombreros que ocultaban los rostros de quienes los llevaban sobre la cabeza, ocultando así la fealdad que no mostraban al mundo...

Hoy... hoy no me queda nada. Lo he perdido todo. Y las alas no batirán nunca más. Nunca más volaré hasta las mas altas cumbres ni recorreré enormes distancias por alcanzar un sueño. Ya no tengo alas que batir. No tengo cumbres que escalar. No tengo distancias que salvar.

No tengo sueños que cumplir.

La palabra es el arma mas poderosa del hombre. Es mucho mas fuerte la pluma que la espada. Las plumas naces de las alas, al fin y al cabo. Y cuando son las alas las que todo te lo dan, la pluma es un símbolo de su gloria perdida. Ya no tengo alas, solo un manojo de plumas que antaño eran brillantes y poderosas... Ahora... Ni siquiera se que escribir con ellas.

Por eso las plumas son mas poderosas que las espadas. Por que las espadas solo te puede cortar hasta la muerte. Pero las plumas... Las plumas pueden llevarte a desear ese eterno descanso. Y no hay nada mas horroroso en este mundo que desear abandonarlo. Que desear dejar de sufrir, de padecer, de ver como todo se va oxidando ante tus ojos... Como tu te vas oxidando antes tus ojos.

Llegará el día en que ya no pueda moverme, en que mis extremidades estén bloqueadas y mis órganos internos no funcionen ya. Llegará el día en que una capa marrón rojiza cubra todo mi cuerpo de nuevo y yazca, eternamente atrapado en mi mismo, a la espera de que Dorothy venga a devolverme la movilidad. Esperaré, siempre en la misma postura, el hombre de hojalata sin corazón atrapado por el óxido, engañado por si mismo. Porque el cuento nos dice que si que tenía corazón. El Gran Mago de Oz solo le revela lo que era obvio para todos menos para él mimso.

Recorrí el camino de baldosas amarillas hace algunos años. Dorothy vino y me rescató de mi mismo. Conocí al Leon Cobarde, al Espantapájaros y a Totó... Luchamos contra las brujas del Este y el Oeste y vencimos a los Monos Voladores y otros monstruos. No había nada que no pudiéramos hacer. El Gran Mago de Oz me hizo ver que ya tenía un corazón... Y esos fueron los mejores momentos de toda mi vida.

Ahora estoy de nuevo en el bosque, espernado al óxido que llegará tras las lágrimas. Estoy olvidando que tengo corazón. No hay León, no hay Espantapájaros y ya no estamos en la Tierra de Oz. No puedo llegar a ella, porque no tengo alas para volar al mundo de los sueños. No puedo atravesar el puente del arcoirís si no creo en él...

Y Dorothy está salvando a otros de la maldición de la bruja...

No todos los días son un asco.

martes, 24 de marzo de 2009

¡Qué gran verdad! ¡Hay días en los que merece la pena sonreír!

Anteayer iba a ser un día de esos que al final resultan ser un asco. Porque empiezan siendo un asco y un asco es cuanto te ofrecen. Una de esas monótonas y largas jornadas en las que los pocos cambios que te ofrece la vida no saben a nada. Un repetir hasta la saciedad los mismos caminos, cometer los mismos errores y llorar las mismas penas. Contemplar la realidad que te envuelve tras las lentes opacas de unos ojos sin vida, cristales de color de lo que antes eran hermosas pupilas.

Pero ¡Sorpresa! Cuando crees que nada puede ir peor y que el gran final del día va a ser un apoteósico bostezo que te va a producir dolor de cervicales, algo cambia por completo. Estaba escribiendo aquella noche una entrada derrotista para este, mi blog. Una de esas entradas que hacen daño a los corazones sensibles e impulsan al lector a pasar la mano por la espalda del escritor. Una llamada de auxilio, en resumidas cuentas. La canción estaba seleccionada, incluso había localizado una cover adecuada para la ocasión. Había buscado la letra y la traducción, pues ese pequeño esfuerzo crea un golpe de efecto del que es difícil escapar, y les había dado formato y todo.

Cuando llevaba tres pequeños párrafos de lo que sería una nueva llantera lingüística -bastante inspirados, por cierto, aunque esté mal que yo mismo lo diga- cargada de amargura y rencor, alguien llamó a mi teléfono y obró magia. Pura y simple a la vez que maravillosa magia.

¿Magia? Pensaréis ¿Una simple llamada?

Si.

Porque ese simple gesto, esos veinte minutos o poco más que estuvimos hablando ella y yo, bastaron para hacerme volver al ordenador, cerrar la página del blog y mandar todo el esfuerzo que había hecho a un lugar sucio y lejano. ¡Qué demonios! ¡La había escuchado reír al otro lado de la línea! ¿Hay algo mas maravilloso que eso? ¿Algo mas deseable? Si la Luna tuviera una risa, seguro que poseería su musicalidad y su dulce cadencia. -Ya comparten inicial... Y no creo que las casualidades-

El día que comenzó siendo un asco, una trampa aburrida y gris que jamás pasaría a los anales de la Historia, se convirtió, de repente, en un día que recordar. Un día que recordar con una cálida sonrisa. Y una promesa de nuevas conversaciones.

Por eso, queridos lectores -aunque se que no los tengo ; P- os doy este consejo: Si os apetece, hacerlo. Seguro que alguien, al otro lado del teléfono, de la pantalla o del papel, os agradecerá vuestras palabras. Seguro que una simple risa, una conversación sencilla y un "buenas noches" son mas que suficiente para transformar por arte de "birli birloque" la depresión en esperanza.

¡Buena tarde, amigos!