martes, 24 de marzo de 2009
¡Qué gran verdad! ¡Hay días en los que merece la pena sonreír!
Anteayer iba a ser un día de esos que al final resultan ser un asco. Porque empiezan siendo un asco y un asco es cuanto te ofrecen. Una de esas monótonas y largas jornadas en las que los pocos cambios que te ofrece la vida no saben a nada. Un repetir hasta la saciedad los mismos caminos, cometer los mismos errores y llorar las mismas penas. Contemplar la realidad que te envuelve tras las lentes opacas de unos ojos sin vida, cristales de color de lo que antes eran hermosas pupilas.
Pero ¡Sorpresa! Cuando crees que nada puede ir peor y que el gran final del día va a ser un apoteósico bostezo que te va a producir dolor de cervicales, algo cambia por completo. Estaba escribiendo aquella noche una entrada derrotista para este, mi blog. Una de esas entradas que hacen daño a los corazones sensibles e impulsan al lector a pasar la mano por la espalda del escritor. Una llamada de auxilio, en resumidas cuentas. La canción estaba seleccionada, incluso había localizado una cover adecuada para la ocasión. Había buscado la letra y la traducción, pues ese pequeño esfuerzo crea un golpe de efecto del que es difícil escapar, y les había dado formato y todo.
Cuando llevaba tres pequeños párrafos de lo que sería una nueva llantera lingüística -bastante inspirados, por cierto, aunque esté mal que yo mismo lo diga- cargada de amargura y rencor, alguien llamó a mi teléfono y obró magia. Pura y simple a la vez que maravillosa magia.
¿Magia? Pensaréis ¿Una simple llamada?
Si.
Porque ese simple gesto, esos veinte minutos o poco más que estuvimos hablando ella y yo, bastaron para hacerme volver al ordenador, cerrar la página del blog y mandar todo el esfuerzo que había hecho a un lugar sucio y lejano. ¡Qué demonios! ¡La había escuchado reír al otro lado de la línea! ¿Hay algo mas maravilloso que eso? ¿Algo mas deseable? Si la Luna tuviera una risa, seguro que poseería su musicalidad y su dulce cadencia. -Ya comparten inicial... Y no creo que las casualidades-
El día que comenzó siendo un asco, una trampa aburrida y gris que jamás pasaría a los anales de la Historia, se convirtió, de repente, en un día que recordar. Un día que recordar con una cálida sonrisa. Y una promesa de nuevas conversaciones.
Por eso, queridos lectores -aunque se que no los tengo ; P- os doy este consejo: Si os apetece, hacerlo. Seguro que alguien, al otro lado del teléfono, de la pantalla o del papel, os agradecerá vuestras palabras. Seguro que una simple risa, una conversación sencilla y un "buenas noches" son mas que suficiente para transformar por arte de "birli birloque" la depresión en esperanza.
¡Buena tarde, amigos!
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