Óxido

sábado, 28 de marzo de 2009

¿Escucháis el batir de alas? ¿No? ¿Ni haciendo un pequeño esfuerzo?

Yo tampoco. Mis oídos son de metal.

Hace solo unos meses mi vida era un batir de alas. Alas de ángeles y demonios que luchaban por demostrar quien era el mas hermoso, por imponer sus imágenes sobrenaturales; de frenéticos colibríes viviendo atrapados en un segundo por miedo a que sus corazones se detuvieran, de enormes albatros que nunca pisarían la tierra, fascinados por el cielo, viviendo en las corrientes de aire. Alas de mariposas, provocando huracanes al otro lado del mundo y alas de polluelos recién nacidos, piando para llamar a sus madres. Alas de sombreros que ocultaban los rostros de quienes los llevaban sobre la cabeza, ocultando así la fealdad que no mostraban al mundo...

Hoy... hoy no me queda nada. Lo he perdido todo. Y las alas no batirán nunca más. Nunca más volaré hasta las mas altas cumbres ni recorreré enormes distancias por alcanzar un sueño. Ya no tengo alas que batir. No tengo cumbres que escalar. No tengo distancias que salvar.

No tengo sueños que cumplir.

La palabra es el arma mas poderosa del hombre. Es mucho mas fuerte la pluma que la espada. Las plumas naces de las alas, al fin y al cabo. Y cuando son las alas las que todo te lo dan, la pluma es un símbolo de su gloria perdida. Ya no tengo alas, solo un manojo de plumas que antaño eran brillantes y poderosas... Ahora... Ni siquiera se que escribir con ellas.

Por eso las plumas son mas poderosas que las espadas. Por que las espadas solo te puede cortar hasta la muerte. Pero las plumas... Las plumas pueden llevarte a desear ese eterno descanso. Y no hay nada mas horroroso en este mundo que desear abandonarlo. Que desear dejar de sufrir, de padecer, de ver como todo se va oxidando ante tus ojos... Como tu te vas oxidando antes tus ojos.

Llegará el día en que ya no pueda moverme, en que mis extremidades estén bloqueadas y mis órganos internos no funcionen ya. Llegará el día en que una capa marrón rojiza cubra todo mi cuerpo de nuevo y yazca, eternamente atrapado en mi mismo, a la espera de que Dorothy venga a devolverme la movilidad. Esperaré, siempre en la misma postura, el hombre de hojalata sin corazón atrapado por el óxido, engañado por si mismo. Porque el cuento nos dice que si que tenía corazón. El Gran Mago de Oz solo le revela lo que era obvio para todos menos para él mimso.

Recorrí el camino de baldosas amarillas hace algunos años. Dorothy vino y me rescató de mi mismo. Conocí al Leon Cobarde, al Espantapájaros y a Totó... Luchamos contra las brujas del Este y el Oeste y vencimos a los Monos Voladores y otros monstruos. No había nada que no pudiéramos hacer. El Gran Mago de Oz me hizo ver que ya tenía un corazón... Y esos fueron los mejores momentos de toda mi vida.

Ahora estoy de nuevo en el bosque, espernado al óxido que llegará tras las lágrimas. Estoy olvidando que tengo corazón. No hay León, no hay Espantapájaros y ya no estamos en la Tierra de Oz. No puedo llegar a ella, porque no tengo alas para volar al mundo de los sueños. No puedo atravesar el puente del arcoirís si no creo en él...

Y Dorothy está salvando a otros de la maldición de la bruja...

3 comentarios:

Lurei dijo...

http://www.goear.com/listen/754f3e5/Quelquun-ma-dit-Carla-Bruni

Malarkeys dijo...

Vendran tiempos mejores. Ya veras... se paciente y no dejes de luchar... lo que deseas volvera, estoy convencido.

KL dijo...

Yo me he extendido un poco más... Así que, cuando puedas: http://wondermad.blogspot.com/ ;)

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